30 de abril de 2008

Vivir a expensas de la genialidad de un futbolista no es lo más aconsejable. Larry Bird afirmó haber visto una vez a “Dios disfrazado de jugador de baloncesto” cuando Michael Jordan metió 63 puntos en un partido de playoff en el Boston Garden. Era 1986 pero el ‘23′ de los Bulls no ganó el primero de sus seis anillos de campeón hasta cinco años después con la ayuda de los Scottie Pippen, Horace Grant y compañía. Este Barça ya no tiene a Ronaldinho, el Jordan que le sacó de la miseria, pero ha encontrado un digno heredero en Messi. Leo es único si bien no deja de ser una pieza vital en un grupo de once. Sin equipo, no hay éxitos. Y el Barça se ha quedado sin otros referentes más allá del argentino para sacar las castañas del fuego. La clase media es necesaria pero hace falta algo más. Si Ronnie ganó el Balón de Oro es porque la plantilla le respaldó. Messi lo logrará algún año pero en la carrera por el próximo aunque Cristiano Ronaldo le ha sacado diez pueblos con todo el United, ya en Moscú, empujando.
Con Ronnie fuera de escena, Samuel Eto’o estaba aún más obligado a ser la otra baza decisiva del ataque pero del camerunés no se saben grandes noticias desde Saint Denis pese a que hace ya cinco meses que reapareció tras su segunda lesión. Lleva 14 goles en la Liga, sí, aunque en la Champions no ha metido ni un tanto en los seis partidos desde octavos. Su falta de confianza, que le lleva a pasar en lugar de ganarse un hueco para rematar, fue un lastre casi tan pesado como el error garrafal de Zambrotta para un Barça carente de gol que suma ya cuatro duelos sin ver puerta.
Al margen de lo que las botas de Messi podían deparar, el Barça soñó con la final por lo único positivo de toda la temporada: la valentía de Puyol, la gallardía de Touré, que no quitó la pierna y vio una tarjeta pese a estar apercibido, el carácter de Deco y la visión de Iniesta, inmerecidamente sacrificado para que entrara Henry cuando Eto’o se había ganado a pulsoirse antes. Ni los laterales cumplieron ni hubo pegada de la media. Las carencias de un partido sí y otro también.
Y de tanto soñar y soñar apelando a la épica, Messi se despertó sin el visado a Moscú y con el 2-3 de Celtic Park como único gran recuerdo en esta Champions. Pero claro, aquella noche, también brillaron Ronnie y Henry, por cierto, un holograma anoche en la media hora final como todo el año. O ruedan cabezas para hacer tabla rasa y hallar nuevos líderes o esto no hay quien lo arregle.
Fuente:elmundodeportivo.es
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